AL VUELO-Burka

AL VUELO-Burka

Por Pegaso

Alguien dijo alguna vez: “¡Pobre de México! Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos!”
Ahora es Gringolandia el que dice que México está demasiado cerca de ellos, refiriéndose, por supuesto, a la verdad que todo mundo sabe, pero que el Gobierno no quiere reconocer aún: Los que gobiernan el país son los cárteles.
Yo le recomendaría a la Presidenta Claudia Shikitibum que mejor se mantenga flojita y cooperando. Ahorita, como están las cosas, no es prudente hacer encabronar a ese orate demente, manchado con la sangre de cientos de personas inocentes en esos bombardeos cobardes sobre territorio iraní.
Y conste que no defiendo a los malparidos fanáticos religiosos que mantienen un sistema de sometimiento y sobajamiento de las mujeres, a las que consideran menos que animales.
Se les obliga a andar cubiertas hasta los callos, con calorones que rondan los 48 grados. Ni siquiera les permiten que se les vean los ojos, porque dicen que eso es un pecado y hasta parecen telas de La Parisina cuando están paradas.
Si una de ellas se quita la burka, o como se llame ese mamotreto, la amarran de las manos, la sujetan a un árbol y le dan de latigazos en público, para que aprenda a no desobedecer las leyes divinas.
Mientras tanto, los santos varones pueden tener dos, tres, cinco, veinte o todo un harén de hermosas jóvenes para su deleite personal, con la bendición de Alá, y ahí, en el serrallo, sí les dan permiso de que anden como quieran, porque a final de cuentas el dueño es el único que puede ver el ganado.
En otro país que no canta tan mal las rancheras, Afganistán, el gobierno talibán ha impuesto demenciales leyes donde el marido puede golpear a su esposa cuando no lo obedezca, siempre y cuando no cause lesiones serias o permanentes, como sacarle un ojo o romperle una pierna.
No hace falta ahondar en las condiciones marginales y subhumanas en las que el régimen de los ayatolas y talibanes mantienen a sus abnegadas féminas. Pero eso ha sido desde siempre, desde que se crearon esas infames religiones que consideran al hombre superior a la mujer y por consecuencia, que ésta sea de su propiedad.
Pero vayamos al grano. El genocida anaranjado de los pelos de elote está ebrio de sangre. Dice que los cárteles mandan en México, que son los causantes de miles de muertes de los pobrecitos gringos que solo les gusta fumarse su churrito y snifear su coquita, sin hacerle mal a nadie.
De allá para acá, continúa el envío de grandes cantidades de armas de fuego, incluyendo las de gran calibre, como las Barret y los lanzacohetes.
Ellos mismos han contribuido a construir para los cárteles mexicanos esa gran capacidad de fuego, pero ahora amenazan con bombardear las madrigueras de los principales jefes de la delincuencia organizada porque dicen que están demasiado cerca de sus fronteras.
Así pues, no es momento de bravuconadas, ni de confrontaciones con los güeros. Están enloquecidos y dispuestos a hacer lo que les dé su regalada gana si alguien no accede a cumplir con sus exigencias. El poder de las armas llevado al extremo.
Recordemos que en México no hay un gobierno teocrático en forma, pero sí de fondo, donde La Cuarta Transtornación es el Evangelio y El Peje es su profeta, lo que a final de cuentas viene siendo la misma gata, nomás que revolcada.
Nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: “A mí, con un ligero roce de extremidad superior extendida me es más que suficiente”. (Yo, con una cachetadita tengo).

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