AL VUELO-Gourmet

AL VUELO-Gourmet

Por Pegaso

Si lo que dice Norroña es cierto, que con 25 pesos es suficiente para prepararse un buen desayuno y que el salario mínimo da para muchas cosas, entonces nos estamos perdiendo de algo.
Porque, a ver, si comes tortillas a diario, tienes que gastar mínimo 28 devaluados pesos en cada kilo, si tomas leche a diario, casi 80 por dos litros, si consumes agua purificada, un promedio de 20 pesos, si pan, 10 pesos por pieza, si tomate, unos 25 pesos diarios. Y así, sáquele la cuenta.
Pero a eso, hay que agregarle gastos de servicios como la electricidad, el agua, la telefonía celular y el cable, que no faltan en cada hogar.
Sin ánimo de exagerar, una familia apenas saldría raspando en sus necesidades básicas si obtuviera 20 mil pesos mensuales, no los 12 mil que se aprobaron como salario mínimo o 14 mil para la frontera norte del país.
Norroña, apodado ya como “El Cerdito Caliente”, porque cada que abre el hocico se encienden las redes sociales, asegura que un salario mínimo da para muchas cosas.
Habría que preguntarle si está dispuesto a cambiar 12 mil pesos mensuales por su sueldo de senador de casi 130 mil pesos, a ver si es cierto.
Porque si es así no veo por qué no podría el brillante senador incluir en su despensa el exclusivo caviar de esturión del mar Caspio, que cuesta 34,500 pesos por kilo.
Podría degustar como plato principal un suculento filete de carne Wagyu, proveniente de reses japonesas cuidadas con esmero. Su precio suele ser de más de 10 mil pesos por kilo.
Y con el salario mínimo que dice Norroña que alcanza para muchas cosas, puede darse el lujo de adquirir las deliciosas setas Matsutake para preparar suculentos platos, con un precio promedio de 1,800 euros por kilo, unos 40 mil devaluados pesos.
Y para picar mientras descansa de un largo vuelo trasatlántico, un queso Pule, elaborado con leche de burra en Serbia, considerado el más caro del mundo, con precios de hasta mil euros, unos 20 mil pesos por kilo.
En su lista no puede faltar, por supuesto, la trufa blanca, el café Kopi Luwak, el jamón ibérico de bellota, patatas La Bonnotte y para acompañar, un vino Romanée-Conti de Borgoña, todo bien preparado y aderezado por algún chef de renombre internacional, premiado con estrellas Michelín, como Bobby Flay, Albert Adriá, Rasmus Munk, Massimo Bottura o Matsaharu Morimoto.
Mientras Norroña hace el milagro y nos demuestra cómo estirar el salario mínimo para disfrutar de todas esas viandas, a la raza mahuacatera no le queda más que irse al changarro de la esquina a engullir su torta de jamón y su chesco, o sus tacos de aserrín (sí, de esos donde el taquero saca un trozo de carne y lo pica sobre un pedazo de tronco que ya tiene varios años de uso), o con la señora de la cuadra que vende taquitos de canasta sudados.
¡Ahhh! Pero eso sí. Jodidos y todo, nunca falta su celular para chatear por WhatsApp con los cuates o ver videos en Facebook y Tik Tok, ni la antena en la azotea para ver por la tele de paga las narconovelas y programas chatarra.
Por favor, si alguien conoce a Norroña, hágale llegar este humilde escrito. Mientras tanto, mis dos o tres lectores ya deben haberse dado cuenta que los precios siguen subiendo casi todos los días y que cada vez el salario mínimo, incluso con incremento, tiene menor valor adquisitivo.
Sigue siendo una carrera donde la inflación real -no la que maneja la parte oficial- lleva siempre la delantera.
Bajo ese contexto, resultan desafortunadas las palabras del famoso y populachero legislador, quien ya le agarró el gustillo a la vida burguesa y ya no defiende tan fieramente la pobreza franciscana como antes.
Termino mi colaboración de hoy con el refrán estilo Pegaso: “Se precipita de manera más acelerada un sujeto locuaz que un rengo”. (Cae más pronto un hablador que un cojo).

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