AL VUELO-Nombres

AL VUELO-Nombres

Por Pegaso

En la próxima ocasión en que me encuentre a algún diputado, tribuno o representante popular, le haré la petición formal para que presente una iniciativa de ley ante el Pleno del Congreso para que se haga obligatorio que todo ciudadano mexicano tenga un nombre provisional hasta los 18 años y de ahí en adelante, se ponga el que él mismo escoja o elija.

Digo lo anterior porque resulta un verdadero castigo que nuestros padres nos pongan nombres chocantes, como Leodegario, Facundo, Prisciliano, Pomponio, Gertrudis, Hermelinda, Fredegunda, Píndaro, Hermiógenes o Herculano solo porque así se llamaban sus papás o sus abuelitos.

Con el paso de los años, el pobre niño crece traumado, porque el nombre que recibió en la pila del bautizo lo acompañará por siempre como una maldición.

A mí, por ejemplo, no me gusta mi nombre. Habrá quienes lo adoran, pero yo preferiría haber sido bautizado con algún nombre heroico, como Héctor, David o Alejandro.

Ya me imagino cómo se sentirá aquel personaje del columnista Catón llamado Meñico, varón con quien la Naturaleza fue avara. Qué bueno sería que, por el contrario, cuando cumpliera la mayoría de edad pudiera escoger un nombre más apropiado, o al menos, más aspiracionista, como Elver González, o qué sé yo.

De igual manera, “La Chimoltrufia” podría cambiar el de María Expropiación Petronila por otro de su gusto y agrado.

Si la iniciativa tiene éxito, un niño que se llame Hércules Martínez, quien todos los días recibe bullying cuando sus cuates de la primaria le dicen “Herculito”, podría tener el siguiente argumento: “¡Éjele! Cuando cumpla los dieciocho años me cambiaré de nombre. ¡Lero, lero!”

Décadas atrás, el motivo principal por el cual se ponían a los niños nombres feos o raros era para hacer una especie de homenaje a los padres o abuelos, pero a partir del 2000 se desbordó la creatividad de la gente, a tal punto que el Registro Civil ha optado por prohibir algunos de los más estrambóticos.

Y por ejemplo, algunos nombres que realmente existen y que están inspirados en los superhéroes son Clar Kent, Bruno Díaz o Peter Parker.

También está documentado Harry Potter, Frodo y Hermione, por las películas de Tolkien y de J.K. Rowling.

Otros tienen doble sentido, como Benito Camelo, Ana Conda, Elva Gina o Tomás Turbado.

El fenómeno no es privativo de México. Navegando en Internet encontré una credencial de elector de un cuate que se llama Jesucristo Hitler Paracelso Zetina, así que la propuesta puede tener también un dejo bolivariano si se adopta en el resto de las repúblicas bananeras de América Central y del Sur.

No puedo imaginar la cantidad de burlas que las personas con tales nombres debieron soportar durante su niñez, adolescencia y juventud.

Si los diputados y senadores hicieran eco de esta iniciativa, inmediatamente después de cumplir los 18 años, la persona podría acudir al Registro Civil para ponerse el nombre que quiera.

Por ejemplo, Marilyn Monroe no se llamaba en realidad así, sino Norma Jeane Mortenson. Lady Gaga nació como Stefani Joanne Angelina Germanotta. Nuestro mexicanísimo rey del bolero ranchero, Javier Solís, se llamaba Gabriel Siria Levario.

¿Ven cuán importante es esta propuesta de iniciativa de ley?

Viene enseguida un sabroso cuentecillo, a propósito de nombres:

Llegan dos jóvenes a una casa rural y empiezan a llamar a su amigo, joven como ellos, que vivía en aquella humilde morada: “¡Ansinaaaaaa! ¡Ansinaaaa!”

Sale el papá bien encaboronado y les reclama con ceñudo rostro: “Ya les dije que se llama Jelipe y ansina quero que le digan”.

Viene el refrán estilo Pegaso: “Dirígete a mí con el denominativo de Bond, James Bond”. (Llámame Bond, James Bond).

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