Por Pegaso
Dice el viejo y conocido refrán: Si ves las barbas de tu vecino cortar, no se endereza jamás… No… Árbol que nace torcido, ponlas a remojar… Tampoco… Cuando el árbol de tu vecino tiene barbas es mejor que se enderece para poderlas remojar… Bueno, la idea es esa, como decía El Chapulín Colorado.
Este mismo día por la mañana, en una entrevista con Fox Noticias, El Trompas, Presidente de Gringolandia echó la siguiente hablada: “Algo hay que hacer con México”, refiriéndose a lo que anoche mismo ocurrió en Venezuela: Los cobardes ataques militares contra población civil y el secuestro de Nicolás Maduro.
Porque hay que decir las cosas como son.
Cierto es que el pueblo Venezolano está hasta las chanclas de dictadorzuelos, como el finado Hugo Chávez y su heredero, Nicolás Maduro.
Después de la acción militar perpetrada por la Fuerza Delta, de la cual es miembro Chuck Norris, vino la amenaza contra México: “Claudia Shikitibum no gobernar; quienes estar gobernando ser los cárteles”-apuntó, y luego se aventó una risotada en vivo, en directo y a todo color.
En México la situación es muy diferente: Aún no llegamos a la dictadura. Falta poquitito, pero aún somos una República Democrática.
Un solo partido tiene el control absoluto del Gobierno de la República, de las dos Cámaras -la de Senadores y Diputados-, del Poder Judicial, del INE, de la mayoría de los Estados de la República, pero eso no es aún una dictadura.
Los medios de comunicación han sido satanizados, se ha comprado la voluntad de millones de mexicanos con los “chayotes del bienestar”, la simulación sigue siendo deporte nacional y todo parece que ha cambiado para seguir igual o peor, pero eso no es aún una dictadura.
¿Qué falta entonces? Que el país se le empiece a salir de las manos al Gobierno Federal y entonces, tener el pretexto de un régimen de excepción.
Pero no adelantemos vísperas. En teoría, todo gobierno tiránico mantiene una simbiosis con organizaciones criminales. Cuando el PRI repartía galleta, tenía bajo su control a los entonces incipientes cárteles mexicanos, gracias a una agencia de inteligencia policíaca llamada en aquel entonces Dirección Federal de Seguridad (DFS), que dependía de la Secretaría de Gobernación y que manejaba a su antojo el tristemente célebre Negro Durazo.
A mí no me extraña para nada que siga habiendo ese tipo de tratos, aunque ahora los grupos de la delincuencia organizada son los que mantienen un gobierno paralelo y mucho más fuerte que las corporaciones de seguridad y que el mismo Ejército.
Porque, a ver, ¿usted cree que en Gringolandia no hay mafias? ¡Claro que sí, hombre! Nomás que allá están trabajando con el Gobierno. El pacto es el siguiente: Tú haces lo tuyo en tu ámbito y yo en el mío, pero cuando alguien quiera salirse de ese trato, todos nos vamos contra él, lo desaparecemos, desaparecemos a su familia y a todo registro suyo, hasta que nadie sepa que existió.
Por eso todos hacen su chamba. Cuando la droga cruza la frontera, hay una estructura finamente diseñada para hacer que ese estupefaciente llegue hasta los pulmones y torrente sanguíneo del amable y bonachón padre de familia de Houston, de Kansas, de Nueva York o de Chicago.
Gringolandia y El Trompas bombardearon Venezuela. La amenaza ahora es contra México donde, según Trump, el Gobierno de Claudia Shikitibum está aliado con terroristas que se dedican a llevar drogas a sus inocentes y puros ciudadanos.
Yo, Pegaso, como pacifista que soy, condeno cualquier acción militar a mi país. Ya estoy preparando mi resortera y mi tirabolas para rechazar a los güeyes de la Fuerza Delta que, creo, ya ficharon también a Arnold Schwarzenegger, a Silvester Stallone, a Bruce Willis, a Jason Statham y a Jean Claude Van Damme.
Aquí los espero, caborones.
Viene el refrán estilo Pegaso: “A mí me mondan las piezas dentales”. (A mí me pelan los dientes).

