AL VUELO-Moisés

AL VUELO-Moisés

Por Pegaso

Vuelvo a tocar botones sensibles. Quien no guste de leer cosas que toquen botones sensibles, puede saltarse hasta donde dice: “Por eso aquí nos quedamos…”

Luego de esta advertencia, viene la sesuda reflexión.

¿Se han dado cuenta, mis dos o tres lectores, que los superhéroes que vemos en las historias actuales son una copia fiel de Moisés y Cristo?

Repasemos. A Moisés lo aventó su madre al río en una canasta -de ahí viene la palabra moisés para ese objeto que sirve como cama y protección para los bebés- para salvarlo de los egipcios.

A Jesús de Nazaret, por otro lado, tuvo que ser escondido por José y María para que Herodes no lo asesinara.

A Supermán, llamado Kal El, lo envió su padre a La Tierra en una nave espacial, muy parecida a un moisés, antes de que su planeta explotara en pedazos y también para evitar que malvados enemigos pudieran causarle daño.

A Kalimán, por otro lado, sus padres adoptivos lo hallaron en un ¡moisés! en medio de un turbulento río que bajaba de los montes Himalaya, pero desde muy pequeño corrió peligro de muerte, ya que el Gran Visir del reino de Kalimantán ambicionaba el trono del bondadoso rajá Abul Pashá.

Son historias recicladas.

Por cierto, el nombre verdadero de Kalimán, por si alguien no lo sabe, es Kali Pashá Pushim, de acuerdo con la historia canónica de Modesto Vázquez González, creador del personaje.

Si nos vamos atrás en el tiempo, hay otros personajes mitológicos que comparten el mismo mito.

Hércules, el héroe griego, era hijo de Zeus y Alcmena. Cuando nació, la esposa de Zeus, Hera, le envió unas venenosas serpientes para que lo mataran, pero el niño, que desde sus primeras horas poseía una gran fuerza física, las mató con sus propias manos.

Algo que Kalimán comparte con Hércules es que ambos son hijos de dioses mitológicos.

Hércules, como ya dije líneas arriba, fue concebido por Alcmena, esposa de Anfitrión, rey de Tebas. Para estar con ella, Zeus tomó la figura de su marido y de ahí nació el que sería el héroe más grande de la cultura helena.

Kalimán, según el universo creado por Modesto Vázquez, en realidad era descendiente de la diosa hindú Kali, quien vive en el reino subterráneo de Agharta. Envió a su hijo para ser criado por el rajá Abul Pashá. Durante su juventud fue enviado a un monasterio lama, donde adquirió grandes habilidades físicas y mentales.

A los 33 años empezó a recorrer el mundo. En Egipto conoció a su inseparable y pequeño amigo Solín, pero parece que ninguno de los dos envejece a lo largo de los miles de capítulos que se nos cuentan en las revistas y programas de radio. ¿Alguien me podría recordar a qué edad empezó Jesucristo a predicar?

También en la mitología griega, Paris, hijo del rey troyano Príamo, tuvo que ser escondido recién nació porque su hermana Casandra había predicho que sería la ruina de Troya. Vivió entre pastores y luego fue reconocido por su padre. Luchó en la famosa guerra junto a su hermano Héctor contra los feroces héroes griegos Aquiles, Ulises, Diomedes y Áyax.

En fin. Son temas, como ya dije, delicados, porque salen a relucir algunos datos que son desconocidos para la mayoría de los creyentes y no creyentes católicos.

Sin embargo, ahí están. Cualquiera puede consultar las fuentes. Descubrirá que hay otros mitos mucho más antiguos que comparten las mismas historias.

Por eso aquí nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: “Procedo a asearme las extremidades superiores, de manera semejante al pretor romano Poncio Pilato”. (Yo me lavo las manos, como Poncio Pilato).

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