Al Vuelo-Cánones

Al Vuelo-Cánones

Por Pegaso

Aquí entre nos, la chica que ganó el Miss Universo no está tan linda como para justificar que es la mujer más hermosa del planeta. Vean las fotos: Flacucha, alta como una garrocha, ojos caídos, sonrisa exagerada y líneas gravitacionales en las mejillas.
Los cánones para las reinas de belleza rayan en lo matemáticamente perfecto, y doña Fátima Bosch como que no le llega.
No sé si mis dos o tres lectores piensen lo mismo que yo, pero como que cada año las misses concursantes son más esmirriadas que el anterior.
Los estándares cambian y pronto tendremos a mujeres más parecidas a un alien que al promedio de las féminas terrestres.
En la antigüedad, el ideal de belleza era la mujer obesa, nalgona y mofletuda, porque garantizaba que los hijos tendrían suficiente leche materna y los cuidados necesarios.
Mientras el hombre debía ser alto y muy fuerte, para traerse las mejores piezas de cacería, la mujer debía poseer ebúrneas protuberancias, más o menos como la Venus de Malpuge y otras representaciones paleolíticas.
Con el paso de los siglos y milenios, la figura femenina se fue haciendo cada vez más espigada. En la Francia de los Luises, por ejemplo, las gordis empezaron a usar ajustadas fajas que les quitaban la respiración.
Las pobres tenían que soportar semejante presión sobre su cintura y pechos para parecer más deseables a los varones.
En la actualidad, lo hemos visto, las mujeres que concursan en certámenes internacionales de belleza tienen que reunir características muy específicas en altura, en tonalidad de la piel, en las proporciones del óvalo de la cara, posición de ojos, cejas, nariz y boca.
Ya no es necesario demostrar que son vírgenes para llamarlas señoritas, pero eso sí, deben tener una piel suave, un cutis terso y unas piernas largas, largas.
De esa manera, es poco probable que una mujer de raza negra u oriental se convierta en reina de belleza universal. Sin embargo, se han dado casos y son más para cumplir con formalidades de tipo político o de inclusión.
Lo último que está en discusión es la participación de los varones en el Miss Universo.
Estamos a un tris de que un hombre de pelo en pecho sea considerado “la mujer más bella del mundo”.
Temas tan absurdos y surrealistas que casi, casi nos hacen perder la poca cordura que aún nos queda.
Yo, Pegaso, en pleno ejercicio de mis facultades físicas y mentales, propongo que se modifiquen los estatutos del Miss Universo.
1.- Que se saque un promedio de la apariencia de las mujeres de cada país y que esa sea la representante.
2.- Que un ginecólogo verifique si, efectivamente, no ha tenido connubio con varón, o dicho en palabras del vulgo, que no ha matado al gusano.
3.- Que no haya desfile en bikini. Que cada una utilice el traje típico real de su país, por ejemplo, que las concursantes de Noruega vayan vestidas con piel de foca o que las mexicanas se pongan túnicas de ayate adornadas con plumas de guajolote.
4.- Que haya jueces imparciales.
Si se siguen esos miríficos consejos, estaremos viendo un concurso real de Miss Universo, no una pantomima que no empodera, sino que cosifica y sexualiza a la mujer.
¡Ahhhh! Y que no se permita a los hombres -aún si tienen la operación jarocha-, participar en este concurso, sino que se haga para ellos algo diferente, como “Trans Universo”, o qué sé yo.
Termino mi colaboración de hoy con el refrán estilo Pegaso: “¿Tu identidad es la de varón, de fémina o de ilusión?” (¿Eres hombre, mujer o quimera?)

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