Al Vuelo-Perdedores

Al Vuelo-Perdedores

Por Pegaso

Nadie recuerda a los perdedores. Es más, nadie recuerda siquiera a los que quedan en segundo o tercer lugar.
A ver, ¿quién fue el primer hombre en pisar la luna? Muchos podrán responder: Neil Armstrong.
Bueno, sí. ¿Y quién fue el segundo, tercero, cuarto? Ahí casi nadie podrá responder.
Presento esta tesis luego de dar seguimiento y testificar dos eventos internacionales diametralmente opuestos, pero donde mexicanos tuvieron una excelente participación: El torneo de la Copa del Mundo de Ajedrez y, por supuesto, el certamen de belleza Miss Universo.
En el primer caso, había grandes expectativas de que el Gran Maestro José Martínez Alcántara pudiera hacer historia. Y de hecho, lo hizo. Ha sido el primer mexicano en llegar a cuartos de final, pudiendo llegar incluso a las finales y ¿por qué no? aspirar al título de campeón mundial.
Durante varias semanas se mantuvo el sueño y la totalidad de los clubes de ajedrez de nuestro país le echaban porras y hacían “changuitos” para que el joven GM nacido en Perú, pero nacionalizado en México, le echara todas las ganas y pudiera levantarse con el triunfo.
Pero como siempre ocurre, se quedó en el “ya merito”.
Caso contrario fue el de Miss Universo, con la mexicana Fátima Bosch -apellido catalán que significa “bosque”.
Tras ganar la corona como la mujer más bella del planeta Tierra y sus alrededores, los mexicanos nos sentimos poderosos, invencibles, chingonsísimos.
Ya nos olvidamos del segundón ajedrecista. Al rato nadie va a recordar siquiera su nombre, pero el de Fátima Bosch seguirá sonando durante todo el año y per secula seculorum.
Es la cuarta vez que una mexicana gana el Miss Universo. En las redes sociales, ya sabemos, siempre hay un taimado que le encuentra el lado más oscuro a las cosas y en esta ocasión, se puso a relacionar las fechas en que México ha estado en crisis y los triunfos de las misses.
Coincidentemente, en las cuatro ocasiones en que México ha obtenido ese título se presentaron situaciones críticas de gobernabilidad, y esos triunfos han funcionado como magníficas cortinas de humo.
No quiero profundizar en el tema. Es más interesante saber que la mente del mexicano funciona así: Si alguno de los nuestros gana, su triunfo nos contagia y se hace parte de nosotros, pero si alguien pierde, aún cuando esté a punto de alcanzar la gloria, se le manda al baúl de los olvidos.
Para mí que hubiese sido mucho más valioso que el GM José Martínez Alcántara fuera campeón mundial, a que una flaca y esmirriada señorita tabasqueña (por cierto) se llevara el cetro de Miss Universo.
Mucho de ese triunfo se debió a la polémica que se generó en Tailandia, durante ese certamen. El entonces Director, Nawat Itsaragrisil le gritó diciéndole “tonta”. El exabrupto se hizo viral y eso empoderó tremendamente a la mexicana, de tal manera que, con esa bandera fue como los jueces vieron en doña Fátima una especie de símbolo feminista que merece representar a todas las mujeres del mundo durante el siguiente año.
Pero como ya sabemos, el trasfondo de ese concurso es mucho más turbio, donde a la mujer se le cosifica, se le compara, se le exhibe como mercancía, se utiliza su imagen para vender brasieres, pantaletas y perfumes. Es una industria multimillonaria que hace ricos a unos cuantos, mientras que el resto de nosotros gritamos y lloramos porque una de las nuestras obtuvo el máximo título, que no demuestra nada, porque si sacamos un promedio, la mujer mexicana es chaparrita, prietita, trompuda y narizona. Nada que ver.

Como decía Pedro Infante en una de sus canciones: “Si la chatita es trompuda/ para mí es monumental./ Así, no me cabe duda/ que es producción nacional”.
Viene el refrán estilo Pegaso: “Permaneces en modalidad Hydrocheurus hydrochaeris”. (Estás en modo capibara).

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