AL VUELO-Colchas

AL VUELO-Colchas

Por Pegaso

“Pásame una grande. Esa mera. Si te pagan, si se gastan 1,200 ahí le va un cubrecolchón, pero de ese grande. Pones ese, pones otro y dale todo. Señoras y señores: No me de 1,200. ¿quién me da mil pesos que se lo lleve rápido? ¡Ámonos! Deme mil pesos. Así por todo. Deme mil. ¿Quién lo quiso? ¿Quién levanta la mano? ¡Es más! Mil pesos hace rato. Ya nos vamos. ¿Qué persona… quién dará 600 pesos que se lo lleve? Ora. Ahí te pagan. Seiscientos. Te agarraron. Voy a dar uno más. Sale. Los que dimos a mil, ¡ïnguesu! Ahorita ya los vamos a… Vea el tamaño, ¿eh? Por eso los dábamos en mil, porque vea el tamaño. Es tamaño jumbo sobre camero gigante que de un lado es terciopelo y del otro lado ya lo conoces, de borrega. ¡Sale! La persona que te pague, que se gaste 1,200. ¡Sale! Échale ese. Mil doscientos. Échale otro. Mil doscientos. Échale ese. Mil doscientos. Échale otro. Y ahí le va. Le voy a dar… Páseme su cubrecolchón grande, por favor. El más grandote, el más gigante. Ese. Uno. Ese. Otro. Ese. Otro. Toma todo. Señoras y señores, no me pague mil. No me pague mil. En la mañana, mil. ¿Quién me da 600 pesos igual? ¡Ora, señor! Saque 600. ¿Quién lo quie…? ¿Lo quiere, dama? La del bolso de Sara Bustani. Le cambio el color. Ahí te paga. Dáselo. Ya dijo que sí. ¡Sale! Córreme otro. Córreme otro, por favor. Sale, señoras y señores. Yo le voy a dar uno más. Ahí le va este rosita. Cámbiale el color, si no le gusta. Le voy a poner… ¿este quiere? Antes de que lo saque. ¡Sale! Ahí te voy. Toma. Ahí te va, secretario. Córreme otro. El tigre blanco. ¡Mire nomás! Cobertor elegante. Paquete que dimos a 1,200, a mil pesos hace un rato. Pero vea por qué. Porque es un cobertor grande. Es un cobertor sobre camero, señora. Se nos acabaron los chiquitos. Ora quedaron puros grandes. Ni modo. Tenemos qué rematarlos, oiga, a cualquier costo. El chiste es que la gente se vaya contenta con su cargamento. ¡Dales ese! Le voy a dar uno más. ¡Tenga! Échale otro. Ponles ese. Ponles otro. Ponles ese y pásame su cubrecolchón grande. De lujo. Si te paga, si se gasta 1,200. ¡Ese! Págame mil pesos. Es más. Ya dije que barato. ¿quién me da 600? ¿Quién me da 600? ¡Ora! Uno más. ¿Quiere otro? ¡Llévese otro! Seiscientos. Sale. ¿Qué persona? Sale. Peluca. Peluca maltratada. Hazte a un ladito, porque van a pasar. Ahí le voy. Sale. Ahí está, señor. ¿Quién te paga? ¿Quién se gasta? Ahí están las pelucas, jefe. ¿Lo quiere? Ahí te pagan. ¡Otro más! Sale. Seiscientos. Toma. Tenga. Voy a dar ahora el tigre, jefe. ¿qué te pa…? Ora sí, págueme mil. Porque ora sí el patrón me va a ver, se va a dar cuenta y bueno, ¿pa qué le digo? Vea el tamaño. ¿Ya vio qué bonito? De ese lado terciopelo, del otro lado borreguita. Y mire, señor. ¡Ah, jijo! ¡Ah, jijo del máiz! Dales ese. ¡Ámonos! Ya amarró el molito que me comí con guajolotito. ¡Sale! Échale ese. Me rayé. Échale ese. Échale otro. Sale. Échale otro y pásame esa colchota grande y otro también de dos vistas. Échale ese. Échale otro. Échale ese. Échale otro y ahí le va su pilón. Todo el paquete. Señoras y señores, en la mañana de a mil. La gente se dio cuenta. Ellas pasaron en la mañana. Mil. Ahorita no me dé mil. ¿Quién trae 600 pesos que se lo lleve rápido? Sale. Seiscientos con los grandes. Seiscientos. ¿Quién lo quiso? ¿Quién lo lleva? Seiscientos. Ora, señora. Sí, señor. Seiscientos por todo el paquete. Seiscientos. ¡Ora, señoras, señores! Esto está bien bueno. Seiscientos a la una. Seiscientos, todo, todo el paquete. ¿Ya no quieren? Ya no les vendas. No les ruegues. Quítale ese. Quítale ese. Quítale ese y toma. Me quedo con todo. Señoras y señores, yo les vendo un paquete, pero diferente. Le voy a enseñar un cobertor, un cobertor pero especial. Antes del cobertor véndele, véndele una frazada disfrazada. Le voy a dar una frazadita. ¡Miren, nada más! Para la gente que no quiere gastar mucho, pero quiere llevar un regalo a casa. Dese cuenta. Dese cuenta. Le voy a dar este. ¡Mire, qué chuletón! ¡Mire, qué chuletón! Salió grandota. Si no le gusta esa le voy a enseñar otro”.
¡Ahhh! Las fiestas de pueblo. Es casi hipnotizante oír la voz aguardentosa del merolico que vende colchas o trastes, parado frente a un montón de mercancía y rodeado de gente que solo quiere mirar las colchas pachoncitas de león o de tigre.
Cada que se celebraba la feria, se colocaban dos de estos gritones. Uno vendiendo cobijas y otro cacharros de plástico o de barro. Uno no hallaba para donde voltear porque igual hablaban con un tono achilangado que nos obligaba a quedarnos un poco más, aunque no tuviéramos un peso en la bolsa para comprar aquellos artículos.

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