Por Pegaso
Todo mundo quiere ser famoso. La fama atrae riqueza, halagos, aceptación… o como dice Chente Fernández: Traes caballo y te ofrecen la silla.
Es algo inherente al Ser Humano prácticamente desde que nos bajamos de los árboles: Hacemos famoso a alguien y luego lo admiramos, queremos estar cerca de él y obtener su atención para que, de alguna manera, nos pueda transmitir algo de esa mística aureola.
Por supuesto, hay muchas formas de ser famoso.
La primera y más simple es contar con algún don, alguna característica extraordinaria, como una voz maravillosa o un talento innato para la música, el deporte o la palabra.
Hay quienes se cuelgan de la fama de sus progenitores. Por ejemplo, la hija de Lucero y Sergio Andrade, que no sacó la belleza de su mamá, sino los cachetitos y barriguita de su papá.
Junto con otros hijos de famosos, se les conoce como los “nepo babies”, por aquello del nepotismo.
Otros deben su fama a cuestiones negativas. Esa es una fama que, por supuesto, nadie quiere, pero que existe y provoca interés en la gente común y corriente.
No pueden faltar los famosos inflados por las redes sociales.
De un momento a otro, se vuelven celebridades, como la archiconocida “quinceañera viral”, Rubí, o todas esas ladies y lores que aparecen constantemente en la Internet.
Para mí, sin embargo, la mejor fama sería aquella que te ganas a pulso, con esfuerzo, con conocimientos y habilidades propios, en campos realmente importantes o valiosos para la Humanidad, como la ciencia o la tecnología.
Sin embargo, y esto las mismas redes sociales lo resaltan, cuando algún estudiante mexicano saca un primer lugar en campeonatos asiáticos de robótica, física o matemáticas, apenas se les da importancia, pero ¡ahhhhhh! que no sea algo que dijo el tal Wendy Guevara porque inmediatamente se saturan las plataformas virtuales con comentarios, likes y millones de reproducciones.
Pongamos de ejemplo: Gracias a la fama, ¿cuánto creen que gana un campeón de Matemáticas y cuánto el señor Guevara? Se los dejo para que los comentarios.
La Fama, en la mitología griega, era una especie de heraldo o mensajero entre los dioses y los hombres. Estaba encargado o encargada de llevar los hechos de uno a otro lugar hasta viralizarlos… bueno, en aquel tiempo no había redes sociales, pero los chismes volaban.
De acuerdo con las definiciones más aceptadas, “la fama es la condición de ser muy conocido y recordado, generalmente asociada con la admiración o el respeto que se obtiene a través del éxito o los logros. Es un concepto que se entiende como una construcción social, donde la percepción pública y la identidad individual juegan un papel importante. Además, la fama puede surgir cuando la vida de una persona se vuelve pública debido a su trayectoria o historia. En resumen, la fama es el reconocimiento generalizado que una persona recibe por sus méritos o talentos”.
Ahí lo tienen.
Aunque hay individuos que no tienen una pizca de talento, como los cantantes que berrean, pero que llenan estadios gracias a la parafernalia que los acompaña. Y sin embargo, están ahí. Son famosos y millonarios.
Hay en Hollywood una avenida donde los más famosos artistas tienen su estrella. Tener una de esas estrellas cuesta chorromil dólares, sin embargo, eso te garantiza el pase al firmamento de las grandes y admiradas personalidades del cine mundial.
A mí me ofrecieron una estrella ahí, en Hollywood Bulevar, pero tuve que rechazarla porque no junté la lana para pagarla. Ni modo. Ahí será a la otra.
Por lo pronto, nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: “Elabora popularidad y procede a reposar”. (Crea fama y échate a dormir).

